Diferencia entre inversión y apuesta

Hace un días quería subir el siguiente texto al blog pero obviamente pedirle permiso al autor del mismo quien gentilmente acepto que lo comparta con todos ustedes. En este caso se trata de Mistermag un usuario de la Comunidad de Empresores.com que hace un muy buen análisis sobre la diferencia entre una inversión y una apuesta, pero obviamente con el fin de instruir a todos aquellos inversores en crecimiento.

Sin mas preámbulos los invito a leer el texto que menciono anteriormente. (Miren que es algo largo, pero muy enriquecedor)

Antes que nada quiero aclarar que este mensaje corresponde a una sección del foro donde los usuarios debaten y charlas temas en general, obviamente tomé esta parte introductoria con el fin de compartir este texto con todos, dejando de lado los comentarios que se generaron luego.

DIFERENCIA ENTRE INVERSIÓN Y APUESTA:

He leído más de un intento de definición de inversión y apuesta, y seguramente existirán muchos más que no conozco. Pero el concepto que siempre me ha parecido sólido es el derivado de la probabilidad.

Una apuesta se da cuando la esperanza matemática ex–ante es negativa (o sea, de pérdida).

Una inversión se da cuando la esperanza matemática ex–ante es positiva (o sea, de ganancia).

La quiniela a 2 dígitos paga $ 70 por cada $ 1 apostado si acertás, y, obviamente, $ 0 por cada $ 1 apostado si perdés.

La probabilidad de acertar es de 1 en 100 (0,01).

La esperanza matemática de ingreso por cada peso apostado es:

E = 0,99 * 0 + 0,01 * 70 = 0,7

La esperanza matemática es que por cada peso apostado sacarás 70 centavos. Una pérdida de 30% sobre el capital apostado.

Si efectuas 100 apuestas de $ 1, la esperanza matemática será que saques $ 70 por los $ 100 apostados.

En números bajos, podés tener más o menos suerte. Pero en números altos convergirás en esa proporción. Si efectuas 10.000 apuestas de $ 1, sacarás $ 7.000 con muy poca dispersión, o sea que perderás aprox. $ 3.000.-

Ahora supongamos un negocio (es un ejemplo, simplificado, idealizado) en el cual, por cada $ 1 aportado, hay un 50% de probabilidades de no recuperar nada (perderlo todo), un 20% de probabilidades de recuperar la mitad, un 20% de probabilidades de salir hecho (recuperar lo invertido), y un 10% de probabilidades de sacar 10 veces lo invertido.

La esperanza matemática de ingreso por cada peso aportado es:

E = 0.5 * 0 + 0,2 * 0,5 + 0,2 * 1 + 0,1 * 10 = 1,3

O sea, la esperanza matemática es que por cada peso invertido se sacarán $ 1,3.- O sea, una esperanza matemática de ganancia del 30%.

Por otro lado viene la evaluación del riesgo.

Otro negocio podría ser un hipotético bono bullet ideal de cero riesgo, que pague el 30 % al mismo plazo con total certeza. La esperanza matemática de ingreso por cada peso invertido en este caso es:

E = 1 * 1,3 = 1,3

O sea la misma, pero obviamente con un nivel de riesgo muchísimo menor.

En el primer caso podés sacar 10 veces lo invertido, o perderlo todo, con varios escenarios intermedios, cada uno con su correspondiente probabilidad.

En el segundo caso ganás el 30% con total certeza.

Cada quién verá qué inversión adopta en función de diversos criterios.

Pero cualquiera de los dos casos son inversiones, no son apuestas, porque las probabilidades están a favor del inversionista.

La apuesta es en la quiniela. Ahí no hay inversionista, ahí hay apostador.

Además obviamente no siempre es igual de fácil calcular costos, ganancias, y probabilidades. En el caso de la quiniela (apuesta) o bono bullet ideal (inversión), es fácil, pero seguramente el otro negocio planteado tendrá muchos supuestos tomados para poder calcular esos valores. Eso suma más aún al riesgo, y se suele manejar planteando escenarios. Pero eso es otro tema en el cual no me quiero dispersar.

Ahora bien, imaginemos que viene alguien con una propuesta “de inversión” como la siguiente:

Sociedad de apuestas a la quiniela. Se pretende reunir un capital de $ 10.000 para efectuar apuestas a la quiniela. El emprendedor capitaliza con $ 5.000 y su know-how y administración. Se ofrece el 25% de la sociedad a quienes aporten los $ 5.000 restantes.

Ahora, el “emprendedor” aporta la mitad del monto de cada apuesta, pero se lleva el 75% de lo que se obtenga.

Por el 50% de cada peso apostado (por cada $ 0,50) tiene el 75% de los ingresos (el 75% de $ 0,70, o sea $ 0,525).

Para el emprendedor, el negocio ha dejado de ser una apuesta, ahora es una inversión, porque tiene una esperanza matemática de ganancia positiva. Probabilísticamente, por cada 50 centavos “apostados”, sacará 2,5 centavos de ganancia.

Por supuesto que eso lo consigue a costa de sus “inversionistas”, que siguen en una apuesta, pero menos igualitaria todavía que si apostasen por su cuenta.

Apostando por su cuenta la esperanza es que pierdan el 30% de su capital.

Aportando como inversores en esta sociedad, la esperanza es que pierdan el 65% de su capital (por cada 50 centavos invertidos, sacarán el 25% de 70 centavos, o sea 17,5 centavos).

No es la única “propuesta” que podría presentar el emprendedor. También podría ofrecer una participación mucho más igualitaria: 50% de la sociedad por los $ 5.000. PERO reservándose una opción de recompra ejercible en cualquier instante (estoy planteando situaciones hipotéticas simplificadas e idealizadas), pagando un 100% de sobreprecio (pagaría $ 10.000 por los $ 5.000 aportados inicialmente por los inversores).

En ese caso, el emprendedor puede ir y apostar los $ 10.000 a un número. Si pierde (99% de probabilidad) no ejerce la opción y pierde sus $ 5.000 (y los inversores, pierden sus $ 5.000 pesos también).

Si gana (1% de probabilidad), se obtienen $ 700.000. El ejerce su opción, paga $ 10.000 a los inversores (que duplican su capital), y retiene toda la ganancia para él.

La esperanza matemática de ingreso para el emprendedor por los 5.000 pesos aportados es:

E = 0.99 * 0 + 0.01 * (700.000 – 10.000) = 6.900

O sea, por cada peso aportado, $ 1,38 de ingreso. Una ganancia del 38% sobre el capital.

Para los inversionistas la cosa se ve muy mal. Por sus $ 5.000, tienen una esperanza matemática de ingreso de:

E = 0.99 * 0 + 0.01 * 10.000 = 100.

O sea, por cada peso aportado, tienen una esperanza de sacar $ 0,02 (2 centavos).

Por supuesto, nadie va a aceptar ninguna de estas dos propuestas de “inversión”, dado que el negocio subyacente primario no es una inversión, sino una apuesta.

Pero también en una inversión legítima, el emprendedor puede estructurar una propuesta de inversión que transfiera la mayor parte del riesgo al inversionista, reduciéndolo para él mismo.

De hecho, puede hacerlo a niveles tales que una inversión de alto riesgo pase a ser una inversión de riesgo medio o bajo para el emprendedor, y DEJE DE SER UNA INVERSIÓN para el inversionista. O sea, el inversionista pasa a ser un apostador, porque tiene las probabilidades en contra.

Sin ir más lejos, apliquemos la estructura de la primera de las propuestas de inversión de la quiniela, pero para el negocio de inversión planteado inicialmente. Los inversionistas reciben el 25% de las ganancias por el 50% del capital.

Por cada $ 0,50 invertidos, el emprendedor obtendrá el 75% de $ 1.3, o sea $ 0.975. Una rentabilidad del 95% sobre el capital invertido, en lugar del 30% del negocio en sí mismo.

En cambio, el inversionista obtendrá por cada $ 0,50 invertidos, el 25% de esos $ 1,3, o sea $ 0.325. Una pérdida del 35% del capital invertido. Esa es su esperanza matemática de ganancia. Tiene las probabilidades en contra. Está apostando. Si se da puntualmente el escenario de rentabilidad 10 a 1 (que tiene un 10% de probabilidades), va a ganar plata y mucha; pero está apostando porque su esperanza matemática de ganancia es negativa.

Nadie dice que no se pueden ganar las apuestas. Se ganan. Pero no es lo más probable. Y quien apuesta es un apostador, con todo el derecho que tiene de serlo, pero no un inversor.

Con el tema de la opción de recompra está en la misma. Apliquémosla también al caso.

El emprendedor no va a ejercer la opción de recompra ni en el escenario de pérdida total, ni en el escenario de pérdida del 50%, ni en el escenario de salir hecho. La va a ejercer sólo en el escenario en que se consigue un rendimiento 10×1 ($ 100.000 sobre la inversión total de $ 10.000).

Su esperanza matemática de ingreso por todos sus $ 5.000 de aporte es:

E = 0.5 * 0 + 0,2 * 2.500 + 0,2 * 5.000 + 0,1 * (100.000 – 10.000) = 10.500

O sea, $ 2,1 por cada $ 1 invertidos. O sea, una rentabilidad del 110%.

La de los inversionistas, en cambio, es:

E = 0.5 * 0 + 0,2 * 2.500 + 0,2 * 5.000 + 0,1 * 10.000 = 2.500

O sea, $ 0,5 por cada $ 1 invertidos. O sea, una pérdida sobre capital del 50%.

Si todo sale bien, duplican el capital. Pero eso tiene apenas un 10% de probabilidades de ocurrir.

Los casos reales no tienen por qué ser tan extremos. Pero aún cuando el inversionista mantuviese una esperanza matemática de ganancia positiva (o sea, aunque no lo estén convirtiendo en un apostador en lugar de un inversor), el emprendedor puede estar transfiriéndole un excesivo riesgo. O sea: en un negocio de riesgo medio, el emprendedor puede terminar haciendo un negocio de muy bajo riesgo y el inversionista un negocio de muy alto riesgo, por causa de la forma de estructurar la propuesta.

Ahora bien, al igual que con las apuestas, uno esperaría que nadie acepte estar propuestas. Pero la realidad es que por lo que veo no pocas veces se aceptan.

Sin embargo, cuando uno cuando analiza una propuesta de inversión, lo primero que debería analizar es eso.

¿Qué importa si el plan de negocios está bien hecho y si el negocio es interesante, si como inversionista me están proponiendo una apuesta, o una inversión de un riesgo elevadísimo absolutamente desproporcionado e inigualitario con respecto al que corre el emprendedor o al propio del negocio?

Algunos síntomas generales (hay que ver caso por caso) de propuestas de inversión que, por error o a propósito, están planteadas en términos muy inigualitarios para el inversionista, son (sin limitación, y seguramente muchos podrían aportar puntos a este listado):

1) Opciones de recompra A FAVOR DEL EMPRENDEDOR. Las opciones de recompra, si existen, siempre tienen que ser a favor del inversionista, como forma de limitarle el riesgo. Si son a favor del emprendedor, por muy “generosas” que parezcan, lo que generalmente consiguen es hacer participar al inversionista de todos los riesgos, y sacarlo del medio cuando aparecen las ganancias.

2) Participaciones societarias muy bajas para aportes de capital muy altos. O sea: en general es inadmisible que un inversionista que aporta la mayor parte del capital de un emprendimiento se quede con una participación muy baja del mismo. Si bien hay que valorar el know-how del emprendedor, muchas veces ese know-how parece sobrevalorarse ridículamente en las propuestas que se presentan.

2 bis) Como caso particular y extremo del anterior: negocios en los que el emprendedor no aporta NADA de capital. Si no aporta nada de capital, no está corriendo prácticamente ningún riesgo, está “jugando” exclusivamente con la plata de los demás (“others people money”). Es cierto que pudo tener su inversión antes, en el tiempo y los recursos que gastó para investigar el proyecto, pero la realidad es que financieramente eso para él es COSTO HUNDIDO, para bien o para mal ya lo incurrió. De cara al futuro, no es buena señal que un emprendedor no tenga compromisos financieros fuertes en el proyecto que está impulsando.

3) El emprendedor tiene modos de sacar beneficios del proyecto independientemente del éxito del proyecto mismo. Por ejemplo, porque es proveedor del proyecto, porque se establece un salario significativo en el proyecto, etc. En ese caso, incluso a igualdad de otras condiciones, su flujo de caja particular es más amplio que simplemente lo que resulta de las utilidades del proyecto, incluso sin que tenga que mediar mala voluntad (que, por supuesto, también puede existir).

3.1) Como caso que se podría encuadrar dentro de la anterior o medio mezclado con el del punto 2: el emprendedor, además de accionista, es acreedor del proyecto. El emprendedor, ante la necesidad de aportarle capital al proyecto, pretende hacerlo como prestamista antes que como accionista (accionista quiere ser por su “know-how”, pero a la hora de aportar capital pretende hacerlo a modo de préstamo a la nueva empresa). En ese caso, coloca ese capital en orden de prelación preferente respecto al de los inversionistas accionistas, y se garantiza por el mismo un piso de rentabilidad (la tasa de interés pactada).

Sólo cuando la propuesta de inversión a priori parece razonablemente igualitaria y justa hacia el inversionista, tiene sentido para el inversionista avanzar en la parte más compleja del análisis, que es ver si uno consigue compartir las conclusiones del emprendedor respecto a negocio en sí mismo.

Es muy difícil determinar cuales serán los números (pérdidas, ganancias, probabilidades, riesgos) de un negocio. Pero es bastante fácil darse cuenta si en una propuesta, una de las partes está transfiriendo buena parte del riesgo (cualquiera fuere este) a la otra, y si una de las partes se está apropiando de la mayor parte de las ganancias (cualesquiera fueran estas) del negocio total.

Todos tenemos alguna tendencia emocional a entusiasmarnos a veces en proyectos por cuestiones poco racionales. La ambición es un factor que influye mucho, pero ni remotamente el único. Algunas personas tienen más tendencia a eso, otras menos, pero todos en algún momento caemos. A eso, se suma que existen personas con una cualidad particular (que envidio) para trasmitir su propio entusiasmo genuino a los demás (y también, justo es decirlo, las hay que lo tienen para transmitir un entusiasmo simulado, o sea para persuadir de cosas en las que ellas mismas no creen).

Pero hay que tratar de sobreponerse a eso para tratar de evitar convertirse en “apostador”. Sea que la apuesta se dé en el negocio en sí mismo, o por las condiciones en las que se participa en el mismo.

Las buenas ideas ABUNDAN, esa es la realidad. Las buenas ideas, para desarrollarse, necesitan entre otras cosas de CAPITAL. El capital abunda menos que las buenas ideas. Los inversionistas que aportan capital tienen que hacer valer el bien escaso que poseen.

Autor: Mariano Alberto Gonzales (Mistermag en Empresores.com)

Muchas gracias por su tiempo

Mariano Cabrera Lanfranconi

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3 Comentarios En "Diferencia entre inversión y apuesta"

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alejandro
Invitado

me encanto este articulo que publicaste me pase a leerlo muy cuidadosamente ya que estaba comenzando con un blog de ofertas en mercadolibre, ?¿es una pequeña inversion mi blog o sera una apuesta a ver cuanta gente ingresa y compra ¿? bueno mariano espero que pases por mi blog y me puedas dejar un comentario un saludo !!!

euroaeuro
Invitado

Inversión: Aquello que adquieres para adquirir un ingreso pasivo

Apuesta o especulación: Aquello que adquieres para intentar realizar ganancias de capital.

Lucas Delo
Invitado

Mariano,

acabo de leer el artículo y me parecio fantástico…

Yo también comienzo ahora con mi propio BLOG. Espero que te guste.

Saludos,

Lucas

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