Jefe, por favor, no me mienta más.

Jefe por favor no me mienta

Seis de cada diez seminarios que imparto en las empresas incluyen la misma petición:

Pedro, quiero generar mayor compromiso en mis trabajadores

Mi respuesta es siempre la misma:

No hago milagros, pero lo intentaré

Es que para generar compromiso en la gente no alcanza con pedirlo. Es un tema de ida y vuelta.

Déjeme explicarle.

Si algo tengo claro en la relación laboral actual es que existe el fenómeno de causa y efecto. Es decir, generalmente, uno recibe lo que entrega. Me gusta llamarlo el reflejo del espejo.

No espere sonrisas si usted se destaca por su “cara de perro”, algo tan usual de encontrar en el malentendido y peligroso liderazgo autoritario de nuestros días.

Aunque en términos técnicos se denomina “transaccional”, el liderazgo autoritario –entre otras tantas bellacadas- se destaca por un estereotipo de jefe, a saber, quien dirige una organización no ríe, no se mezcla con los empleados, se puede dar el lujo de no devolver el saludo, se le identifica por su habilidad por castigar, su incapacidad para proponer diálogo ante un problema, y en especial, por ostentar su poder desde una cúpula de vidrio, obviamente, un liderazgo de puertas cerradas.

Es decir, este tipo de jefe es casi un ser humano.

Entonces, ¿cómo se le puede solicitar compromiso a los empleados si existe un puente roto entre las partes?

Ni hablemos de los jefes –léase también presidentes, directores y gerentes- que además prometen y no cumplen. Mienten, nomás. Esta desafección o falta de compromiso daña letalmente el clima laboral y afecta la productividad.

Encuestas afirman que el escaso compromiso de los empleados con la organización se debe a la falta de proyecto empresarial y a que los jefes dicen una cosa y hacen otra. Seis de cada diez piensan, además, que la compañía no aprovecha sus capacidades, y más de la mitad de ellos creen que tampoco les ofrece posibilidades de progreso profesional.

Aunque, cuando se encuesta a los jefes, ven la paja en el ojo ajeno. Los directores de recursos humanos saben que la primera causa de fracaso en las empresas es la hipocresía de los dirigentes, quienes, sin embargo, creen que decir algo y hacer lo contrario es solo la octava causa de los fallos.

Andamos mal, entonces.

¿Qué hacer?

Sincérese con su fuerza laboral. Sea consecuente. No prometa lo que no puede hacer, ni asegure algo sobre lo cual existan dudas. Quizás haya que hacerle caso a la expresidenta de Microsoft España, María Garaña, a quien una vez le escuché decir

Acá tenemos una gestión atractiva para la gente, todos saben qué hay para cada uno en la empresa si le va bien. Desde principios de año hacemos la definición de éxito y luego somos flexibles en la consecución de los resultados.

Causa y efecto, recuerde.

Jefe, Por favor, no me mienta (Por Pedro Cabrera Yegros) Clic para tuitear

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